Estas seis cosas no se recortan ni se posponen. Son la razón por la que alguien se sube al auto de un desconocido.
Tomas dos fotos con la cámara del teléfono: tu cédula y una selfie que exige un gesto en vivo —parpadear o girar la cabeza—. Un servicio de comparación facial las contrasta EN EL MOMENTO y aprueba sobre el 80% de similitud. Esa selfie pasa a ser tu foto de perfil: nadie tiene un avatar que no sea su cara verificada.
Si además subes tu certificado de antecedentes y lo aprobamos, obtienes el sello máximo de confianza. Todo el trámite se completa dentro de la app y respondemos en hasta 72 horas.
El pasajero muestra un QR único e intransferible; el conductor lo escanea. El sistema verifica que el pasaje exista, que sea de ese viaje, que quien escanea sea el conductor y que no se haya usado antes. Si la cámara falla, hay un código de respaldo que funciona exactamente igual.
Ves al conductor moverse sobre la ruta con la hora estimada de llegada. Y puedes compartir un enlace de seguimiento: quien lo reciba abre el viaje en su navegador sin instalar nada ni registrarse. Es la respuesta concreta a “avísame cuando llegues”.
El pago no llega al conductor cuando pagas: se libera 48 horas después de que el viaje se finaliza. Un viaje que nadie confirma que ocurrió queda retenido para revisión de una persona.
Se evalúan los dos, y cada reseña queda oculta hasta que la contraparte también evalúe o pasen 7 días: así nadie escribe por represalia. Los reportes de comportamiento llegan a un equipo que puede desactivar cuentas.
Tienes varios intentos, y la mala luz o una cédula gastada no te dejan fuera: cuando la comparación automática no alcanza el umbral, el caso pasa a revisión de una persona, que mira las mismas dos fotos y resuelve. Nadie queda excluido por una decisión de una máquina que no se puede apelar. Mientras tanto puedes mirar viajes; lo que no puedes es publicar ni pagar, que es justamente lo que la verificación protege.
Tu RUT, la foto de tu cédula, tu correo, tu teléfono y tus datos de cobro no son visibles para otros usuarios. El teléfono de la contraparte aparece sólo desde una hora antes de la salida y hasta que el viaje termina — porque en el minuto del encuentro una llamada resuelve en diez segundos lo que un chat no resuelve, pero dejarlo visible siempre sería una entrega permanente de datos.
No es transporte remunerado de pasajeros. No es taxi, no operamos flota y no vendemos pasajes. El conductor no lucra: recibe un aporte a los costos de un viaje que ya iba a hacer. Por eso el aporte tiene tope y sólo puede bajar, y sólo circulan autos particulares.